-``No puedo volverme, no debo volverme´´- se decía a si mismo mientras corría en la oscuridad.
Tras el disparo, las sombras se acercaron y se aseguraron de la muerte de su fugitiva, tras esto buscaron en el coche y, al no encontrar rastro de Marc, supusieron que este seguiría en la cabaña. A lo lejos se veía una luz rojiza candente entre los árboles, las sombras se replegaron rápidamente en aquella dirección, a la cabaña en llamas.
Marc no se atrevió a volver a mirar hacia el claro donde se hallaba el cuerpo sin vida de Anya, ella se había sacrificado por él, y él como un estúpido la había seguido a una muerte segura. No podía permitir que es sacrificio fuese en vano.
Pero tenía miedo.
Tardó unos minutos en ponerse en pie, se oculto tras unos árboles más lejanos lentamente, escondido entre la maleza y, cuando creyó estar lo suficientemente apartado, corrió.
-``He de encontrar el embarcadero, como sea, primero he de llegar al río´´- pensó para sí. Sabía que acercarse a la cabaña sería una estupidez, así que tomándola como punto de referencia se intentó orientar hacia donde creía que podía estar el rio.
Mientras corría se escuchaba en la lejanía la madera ardiendo lentamente, el humo y la humedad confundirían a sus perseguidores.
Mientras corría se percató de algo más preocupante que el terror que dejaba tras de sí, algo que empezaba a torturarle la piel y los huesos.
El frío.
La lluvia era menor, pero el frío aumentaba, estaba semidesnudo y mojado. Corriendo por entre los arboles pudo notar como las ráfagas de viento eran como puñaladas en su costado, la herida le dolía, a pesar del frío la notaba caliente, de tanto movimiento se le habría abierto, pero él no podía pensar en eso, el solo podía correr, pero cada vez iba más despacio, perdía fuerzas hasta que no pudo más y se detuvo.
Cayó de rodillas junto a un árbol, allí al menos no le azotaba el viento, aguardó unos minutos, desacelerando su respiración, tranquilizándose. Finalmente se puso de nuevo en pie y se dio cuenta de una verdad abrumadora. Estaba perdido.
No muy convencido de la dirección que seguía, continuo al frente, la dirección contraria de donde creía que había venido. había escampado completamente, y, a pesar del frío, el viento era menor, por lo cual no era tan pesado el andar. El dolor del costado había remetido en el tiempo que había pasado descansando, pero optó por no correr de nuevo, no quería que se le volviese a abrir la herida.
A penas pasaron diez minutos cuando le pareció escuchar el sonido del agua, esto le incentivó a correr nuevamente en la dirección de la que parecía provenir, solo esperaba poder encontrar pronto el embarcadero del que le habló Anya.
El agua parecía cercana cuando a sus espaldas escuchó un aullido. El pánico se apoderó de él. Ellos le habían encontrado.
Corrió aun más veloz, el aullido parecía lejano, quizás hayan encontrado un rastro de sangre suya, en cuyo caso, meterse en el rio sería suficiente para despistarlos. Siguió corriendo, con la aceleración de la respiración, el aire frío le ardía en los pulmones y le dolía en el pecho, pero no era momento para eso. La herida volvía a sangrar, el dolor era insoportable, cuando ya creía no poder conseguirlo, el agua tocó sus pies y se detuvo.
El agua estaba helada y llena se suciedad del bosque, el frío le dolía mas que el costado, le costaba respirar, pero al menos le perderían el rastro. Aprovechando la escasa corriente nadó hasta una parte más profunda del riachuelo y comenzó a nadar casi dejándose llevar por el agua. No pasó demasiado hasta que le pareció ver algo entre la maleza, eran lo que parecían ser los restos de un pequeño embarcadero con una barca hundida en la orilla. Marc maldijo su suerte, siguió nadando acercándose a los restos del bote con la esperanza de encontrar algo que le pudiese servir. Junto a la orilla encontró los remos y decidió cogerlos, los utilizaría para mantenerse a flote y cansarse menos.
Siguió pataleando como pudo, valiéndose de los recién adquiridos remos para ayudarse, el frio era mayor y el cansancio se apoderaba de él.
-``Anya, por qué lo hiciste. Podríamos haber escapado juntos, no tenias que morir´´- pensó mientras en su mente recordaba el gatillo de un arma a punto de ser disparado.
La vista se le nublaba de puro cansancio y de las lagrimas que dejaba escapar, su mente ya no le respondió, no le dejaba pensar con claridad. Recuerdos de tan solo tres noches antes le atormentaban. La imponente Biblioteka Imeni Lenina se alzaba ante él y, ante ella, una hermosa tela roja carmesí cubría la, recién restaurada, estatua de Dostoievski.
Junto a él había gente, gente que no recordaba, gente sin rostro que iban desapareciendo poco a poco hasta dejarles a él y a su acompañante solos a las puertas de la inmensa biblioteca.
-Es hermosa. ¿verdad? - dijo una voz familiar a su espalda.
Un golpe le saco de su trance, se había acercado demasiado a la orilla y ahora podía tocar el fondo con los pies, opto por salir del agua y descansar unos minutos, pero el cuerpo le pesaba y el cansancio y el frio pudieron con él. Calló torpemente en la orilla golpeándose en la cabeza y quedando inconsciente.
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