Al verse bajo techo al despertar, deseó que todo hubiese sido un sueño, pero al comprobar que no era su habitación de hotel vio que todo era real, Anya estaba muerta, el herido y ambos habían sido perseguidos por la guardia desde la misma Moscú hasta la casa del monte.
Pero donde se encontraba ahora exactamente.
Marc recordaba haber tropezado con las ramas de la orilla y caer, le dolía la cabeza, por lo que supuso que se la golpearía con algo y se desmayaría.
La habitación parecía algo sucia y vieja, la cama era de madera con un mullido colchón y unas sabanas amarillas decoradas con lirios blancos. Además había una cómoda, un escritorio y algunos objetos de decoración de menor importancia, lo único que verdaderamente le llamó la atención fue un viejo kaláshnikov expuesto es una vitrina en la pared.
-``Alguien debe de haberme encontrado y ayudado´´- pensó mientras palpaba su costado comprobando que, efectivamente, alguien le había vendado la herida.
Estaba en ropa interior, no veía su ropa por ninguna parte, en lugar de ello se fijó en unos pantalones algo raidos y una camisa a cuadros bien doblados en una silla cercana a la cama, se las puso, y al poco de terminar de abrochar los botones de la camisa, se abrió la puerta.
Se asomo una chica de unos diecinueve años, con el pelo azabache y los ojos marrones. Al ver a Marc, se alejó de la puerta velozmente y apareció poco después detrás de un corpulento hombre quien sería su padre.
-Me llamo Aleksandr Pávlov y esta es mi casa, mi hija te encontró más muerto que vivo y te trajimos hasta aquí. No sé quién eres, y no tengo porque fiarme de ti, si haces algo raro lo lamentaras- dijo mientras se aproximaba imponentemente.
-Le agradezco mucho lo que han hecho por mí. Mi nombre es Marc Vanderhoeven, anoche hubo un incendio rio arriba, la casa en el monte en la que yo me encontraba se vio afectada por el fuego y tuve que huir, opté por dejarme llevar por la corriente, pero parece que el frio y el cansancio pudieron conmigo. No pretendo ser una molestia ni un intruso en su casa, así que si lo ve oportuno me marcharé de inmediato.- le respondió al hombre con un tono muy solemne, no le agradaba la idea de mentirle a alguien que posiblemente le había salvado de una muerte segura, pero tenía que protegerse.
-Puedo preguntarle donde me encuentro.- continuó Marc
El hombre guardó silencio y tras unos segundos le contestó.
-Estas en Chavnitsy, un pueblo a orillas del lago Ilmen, al sur de Nóvgorod.
Marc estaba aun mas conmocionado.- ``¿Tan lejos me ha arrastrado la corriente?, ¿Como era posible?´´- Su pensamientos se vieron detenidos por la grave voz de su anfitrión.
-Duerme un poco más si lo deseas, cuando te levantes quizás quieras tomar algo y contarme más sobre ese incendio.- Dijo el hombre con igual desconfianza que anteriormente cerrando tras de sí la puerta.
Marc volvió a quedarse a solas, la situación era extraña. No sabía cómo comportarse hacia sus salvadores ya que no confiaban en él, además de que sus perseguidores no se detendrían hasta darle alcance.
Procuró descansar un poco, mientras meditaba en la cama, tuvo tiempo de fijarse en algunos detalles más de la habitación. La lámpara que colgaba del techo era de madera con detalles amarillos similares a los de un armario situado a los pies de la cama. Además había en algún rincón y en alguna repisa peluches de animales minuciosamente colocados. Todo indicaba a que se encontraba en el cuarto de la tímida chica que se escondía tras Pávlov. Un cuarto muy normal si no fuese por el arma expuesta sobre el escritorio.
La cabeza le daba vueltas aun, muchas cosas habían pasado. Fue como un golpe, en un segundo sin previo aviso se dio cuenta de la muerte de Anya.
Las lagrimas empezaron a caer de sus ojos marrones.
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4 días antes - Estación de metro bajo la biblioteca(Moscú)
-!Marc, enserio, no sé como consigues siempre que lleguemos tarde¡.- dijo Anya mientras corría acelerada hacia las escaleras de salida. -¡Hace ya media hora que deberíamos estar clasificando los libros de la nueva sección!, ¡La apertura al público es mañana¡.
Pero Marc estaba absorto en sí mismo, las estaciones de metro de Moscú y San Petersburgo le apasionaban. En concreto la estación de la biblioteca era una de las más bellas sus paredes de mármol blanco le daban una elegancia y belleza soberbias
-¡Mozhno!(ruso)``¡Será posible!´´.- exclamó Anya enojada. -Deja de mirar las paredes como un mono y céntrate, que hoy tenemos que terminar todo.
-Si, si, ya te he oído. Pero tranquila, no queda ya demasiado trabajo, llevamos un mes preparándolo todo, hoy haremos lo que falta y mañana todo terminará con la nueva zona.- respondió.
A Marc le gustaba Anya, eso era innegable, pero ese afecto no era lo que nació en él mese atrás, era más bien una especie de necesidad de quererla pero nunca llegar a tenerla, algo que se había convertido en una costumbre incomoda para él. En más de una ocasión lo había intentado con Anya, pero sus continuas negativas solo reforzaron ese sentimiento de incomodidad y frustración. A pesar de todo se complementaban en muchas cosas, lo que resultaba agradable en las largas horas de trabajo clasificando, buscando y archivando libros.
Finalmente llegaron a la salida de la estación. La luz les cegó momentáneamente, pero no tardaron en reconocer la estatua del célebre escritor Fiódor Dostoyevki frente a la biblioteca. La plaza estaba abarrotada como de costumbre, los comercios hacia horas que habían abierto sus puertas, numerosos turistas se hacían fotos con el edificio y la estatua y otros tantos se sentaban en los numerosos escalones tal vez descansando o eligiendo su próximo destino.
Entraron por una entrada secundaria de personal desde donde llegarían mas rápidamente a la nueva sección. Marc continuaba absorto en sus pensamientos, lo cual le impidió girar en una esquina mientras Anya tiraba de él, trayéndola consigo mientras chocaba con una alta estantería tirando numerosos volúmenes.
-Marc, eres idiota, ¿Que te pasa esta mañana? vamos a recoger todo esto y a terminar ya con el inventario de nuestra sección.- dijo malhumorada mientras se levantaba del suelo y se sacudía de polvo el chaleco blanco de lana que llevaba puesto.
-Lo siento mucho, con este suelo tan sumamente encerado no hay quien ande con normalidad.- respondió mientras, aun en el suelo, recogía los libros caídos y desperdigados, hasta que, al coger un tomo de Crimen y Castigo calló de él una hoja desprendida.
-¿Que es esto?.- se pregunto mientras recogía el libro.
Se trataba de un tomo común pero a partir de donde la pígina estaba caída había una serie de páginas no numeradas pero integradas en el libro donde alguien había escrito lo que parecía ser un diario, sumaban un total de 12 páginas, a partir de ahí, el libro continuaba por donde se había interrumpido.
-Que raro, bueno, cógelo y luego le echamos un vistazo.- seguidamente Anya le quito el libro de las manos y se lo metió en el bolso.- ¡Y ahora recoge esto o me iré sin ti!
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