Gotas de lluvia golpeaban las ventanas con sonoridad acompañadas por el azote de las ramas movidas por el viento. El cielo llevaba horas amenazando con descargar su furia sobre la tierra. Numerosos relámpagos anunciaban la tempestad. El trueno al que precedían sonaba cada vez más cerca y la oscuridad casi era plena.
Hacía relativamente poco desde que el sol se había puesto y la tenue luz del ocaso se había apagado por completo. El bosque era presa del temporal y la oscuridad, en él solo se apreciaba desfigurada la silueta de un viejo mercedes y una casa de campo, en su día muy bella, pero ahora deteriorada por los años.
El edificio era difícil de percibir, sus estropeados muros de piedra se confundían con los troncos de los árboles. Su techo presentaba hundimientos y debilidad por el peso de la nieve en invierno y por las ramas caídas de los robles circundantes. La sombra de algunas de las caídas laminas de madera que formaban el tejado se proyectaban en las paredes. Otras de estas se encontraban irregularmente amontonadas junto a la entrada, posiblemente, en un ya pasado vano intento de recolocarlas.
El vehículo no estaba mejor que la casa. Presentaba deformaciones tanto en el exterior como en el interior. El retrovisor derecho se torcía en un ángulo extraño hacia el suelo sujetado por cinta americana, al igual que el faro delantero del mismo lado, roto de una colisión del coche contra sendas ramas. Varios eran los arañazos en la pintura posiblemente de un avance precipitado por un sendero poco transitado. El que en otro tiempo fue una pieza digna de coleccionista, se encontraba en un deplorable estado.
- Es increíble que aun llegando tan lejos nos sigan. -Dijo una sombra que se proyectaba en la ventana.
Apenas una llama iluminaba la sala, habían encendido un precario fuego con una tela y un par de sillas rotas. La escasa madera del exterior estaba en su totalidad mojada e imposible de usar.
- En cuestión de unos minutos todo habrá acabado. -Respondió la otra mientras cargaba sus últimos tres cartuchos del 357 en la magnum.
Junto a la ventana, sobre un descolorido sillón rojo una silueta femenina observaba atenta la noche y las sombras que, lentamente, se aproximaban en el horizonte.
-¿Hay escapatoria?- pregunto resignada.
Era una mujer joven, que no llegaba a los treinta años, de constitución delgada y con la piel pálida. Iba ataviada con lo que quedaba de un largo vestido rojo, se encontraba rasgado de mala manera por encima de las rodillas, mostrando unas largas y casi raquíticas piernas. Llevaba el pelo alborotado y tenía manchas de sangre en las manos y en la cara.
- La muerte parece el único camino factible. La Guardia Nocturna nos mantendrá con vida y nos torturaran para sacarnos lo que descubrimos en aquel libro. La idea de la cabaña de tu abuelo era una buena idea, pero parece que también la tenían fichada.- respondió.
Dejó el revólver a un lado y salió de las sombras. Se trataba de un hombre alto, de la misma edad que la mujer. Se podían apreciar en el signos de cansancio, además de un vendaje improvisado en su costado manchado de sangre seca. Vestía una camisa abierta y rasgada y unos pantalones negros manchados de polvo y estropeados. Su pelo castaño aun presentaba indicios de fijador, pero las prisas lo deformaron de su estado inicial.
Cogió uno de los trozos de madera de la silla y lo hecho al fuego. Un sonido tras de sí le alarmó e inmediatamente después se dio la vuelta. Allí de pie se encontraba la mujer. Había dado un rápido salto desde la silla y cogido el arma.
-!Anya¡, !¿Que demonios haces?¡- preguntó.
-!Lo siento Marc, pero no puedo permitir que mueras¡. Detrás de la cabaña hay un camino que lleva a un riachuelo, sigue su curso hasta que encuentres un embarcadero, hazte con una barca y sigue en ella hasta llegar a Nóvgorod. No remes, deja que la corriente te arrastre, así si te ven no sospecharan, y tendrás al menos una posibilidad.
-¿Estas loca?, !No pienso dejarte¡
-!Es mi decisión¡- gritó llorando de rabia.
Ella seguía apuntando con el arma. El tenia la cabeza gacha.
-¿Y tú qué piensas hacer? No puedes quedarte aquí sola, ni mucho menos, vallamos juntos, baja ese arma y escapemos por el rio, los dos juntos-. preguntó entre susurros.
-Pechalʹno, no fakt(ruso).Triste pero cierto, sabes bien que los dos no podríamos escapar. Huye, te lo ruego, que sea esta mi última voluntad.- dijo mientras disparaba el arma apuntando al fuego.
Tras el impacto, muchos trozos de madera ardiendo saltaron fuera de la chimenea cayendo sobre el suelo de madera, pero ninguno de los dos les prestó verdadera atención.
-!No puedes hacerme esto Anya, deja que sea yo quien se quede¡.- exclamó dando un paso al frente.
-Está decidido, lo siento Marc.- y dicho esto disparó la segunda bala al fuego. En esta ocasión si llamó la atención de Marc, el fuego se había empezado a extender fuera de la chimenea a causa de los disparos. Alarmado, intentó a duras penas apagar el fuego con los pies, ya que el humo y los disparos atraerían la atención de la Guardia.
El sonido de un motor arrancando le hizo detenerse en su empeño de sofocar las llamas.
-!Anya¡ .- gritó mientras alcanzaba la puerta, pero fue en balde, el coche se alejada por el camino, sería imposible alcanzarlo. Se adentró en el bosque, siguiendo el sonido del coche. La herida de la cadera no le permitía ir demasiado rápido, el agua le dificultaba la visibilidad y el frio se hacía sentir en la piel.
-``Nunca la encontraré, el motor parece cada vez más lejos´´ -pensó para sí.
Pasaron tan solo unos minutos cuando dejó de escuchar el coche, se había parado en algún lugar cercano. Entre los arboles logró percibir el rojo de las luces de emergencia del vehículo y se aproximo rápidamente.
El coche se hallaba inmovilizado ente dos árboles. Junto a él se encontraba una silueta, la que posiblemente fuera Anya, y, de la oscuridad, surgieron siete sombras manteniéndose a una distancia prudencial. Marc miraba la escena desde un lateral del camino, oculto entre los árboles, opuesto al lado por el que aparecieron las sombras.
En un simple parpadeo de las luces de emergencia, una octava sombra apareció silenciosamente sobre el coche a espaldas de Anya, pero Anya sabía que estaba detrás, conocía la agilidad de la Guardia Nocturna, sabía que si solo se mostraban siete, al menos dos mas la estarían acechando por la espalda.
Con la misma velocidad con la que la sombra se coloco detrás suya, Anya sacó el revólver y se apunto a la boca. Esto desconcertó a las siete sombras, mientras que la octava intento evitarlo, la necesitaban viva.
El tiempo se detuvo para Marc. Solo la imagen de Anya apuntándose a sí misma y las gotas de lluvia al caer a su alrededor parecían seguir en movimiento.
-Izvinite(ruso)``Perdóname''-. y disparó.
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